viernes, 7 de enero de 2011

Se me había olvidado

Mea culpa. Escribí el lunes que la expulsión con cajas destempladas de Paco Picapiedra del bigotismo era una consecuencia lógica de la "marianización" del PP y que por mucho que Cascos se quejase, nadie le iba a dar mucha bola. Pero a la hora de mi análisis me olvidé de algo tremendamente importante que cambia por completo el análisis de la situación: el hecho de que Francisco Álvarez Cascos, desde siempre, no va ni a mear sin que su Líder, José María Aznar López, le diga que puede.

Si el lunes "El Mundo" llamaba a Cascos "enemigo del PP", ayer publicaba una encuesta que le da por ganador en las elecciones asturianas, y hoy publica un editorial que poco menos le ordena a presentarse a esas elecciones.

Sabemos perfectamente que, por obra y gracia del sistema electoral hispano, dos partidos de derechas presentándose juntos se restan votos el uno al otro. Un partido casquista, aun teniendo éxito, tendría muchísimos menos escaños que si la derecha se presentase en un único bloque monolítico. Tanto unos como otros saben que un partido casquista impediría una debacle electoral de los socialistas en Asturias, que es lo que las encuestas preveen.

¿Entonces, por qué?

Porque no hay nadie que no sepa que el PSOE tiene perdidas las elecciones. Tanto las de 2011 como las de 2012. Las encuestas muestran que el PP va a arrasar - probablemente con mayoría absoluta - y que el PSOE puede ser barrido del mapa autonómico.

En toda sede regional del PP, en toda agrupación de barrio, se ha encendido una luz verde: "Sillones para todos". Y para todos los agraviados por siete años de Mariano Rajoy (que son muchos) hay algo que se debe impedir a toda costa: que Mariano Rajoy utilice esos sillones de forma discrecional. Como en un chiste de Forges, fuera del sillón no hay salvación - así que todo el mundo se ha lanzado cual horda vikinga con el consabido grito de guerra "Qué hay de lo mío"

Y a la cabeza, el núcleo duro del bigotismo, con Aznar siempre presente tras las sombras y su fiel dóberman, Cascos, haciéndole el trabajo sucio, as always. Lo dije el lunes y lo insisto hoy: la opción de un partido casquista es inviable a largo plazo. La verdadera intención es obligar a Génova a repartir las listas a su gusto - sillones para él y para todos sus compañeros, tanto en Asturias como en el resto del país.

Un divertido juego de repartir la piel del oso antes de cazarlo, vamos.

Seguiremos informando.