martes, 30 de diciembre de 2008

Regalos de Navidad (II)

Y éste va para la todavía mademoiselle Celia, allá del otro lado del charco.

Mi intención era hacer vídeos subtitulados para todo el mundo, pero dado que estaba indeciso sobre si subtitular Northwest Passage, de Stan Rogers, o Mon Pays, de Gilles Vigneault (siempre la barrera lingüistica) mejor tirar por la calle de enmedio y hacer un instructivo artículo sobre

Cuatro Cosas que Hacer en Montréal mientras todavía eres un turista

Primera Cosa: Ir a ver un partido de los Canadiens. En Montreal, quizás aún más que en cualquier otro lugar de Canadá, el hockey es religión. En primer lugar, porque los Canadiens, junto con los Green Bay Packers de la NFL, son posiblemente el único "equipo" de las ligas deportivas profesionales norteamericanas. Cualquier otra franquicia puede mudarse a cualquier otra parte, pero los Canadiens jamás podrán moverse de Montreal: son parte integrante de la cultura, la historia e incluso de la política de Quebec (véase el Motín Richard de 1955). Una muestra de la importancia de los Canadiens está en el cuento "La camiseta de hockey", de Roch Carrier, un relato TAN transcendental para comprender las obsesiones nacionales canadienses que un fragmento aparece en el reverso de los billetes de cinco dólares. Cierto es que ir hoy a un partido de la NHL, totalmente aséptico y comercializado, no tiene ni punto de comparación con los años 50, con el Forum de los tiempos de "Rocket" Richard y "Boom-Boom" Geoffrion, abarrotado de gente y nublado del olor a humanidad y cigarrillos baratos; igualmente penoso es el hecho de que hace quince años que ningún equipo canadiense consigue llevarse la Copa Stanley, derrotados por equipos de lugares donde no hay nieve natural desde hace unos quince mil años. Pero en todo caso, es tradición, es historia y, qué rayos, quizás haya hasta suerte y los Habs ganen algo. Nota bene: si en la casa en la que estás no encuentras a nadie que quiera ir contigo, mejor será que empieces a preocuparte con qué tipo de gente estás viviendo.

Segunda cosa: Comer. Respeto, sin compartir, tu vegetarianismo, pero hasta tú has de reconocer que te privas de disfrutar de las típicas especialidades montrealesas. Si en algún momento decides que un día es un día, métete en la cola del boulevard Saint-Laurent con todos los demás y pídete (para llevar) un gran bocata de carne ahumada en Schwartz's. He de reconocer que no me atreví a enfrentarme a la heroica cola del restaurante, pero no me privé de mi bocata: me fui a Ben's, desgraciadamente hoy ya cerrado, y, superando mi habitual aversión a lo ahumado en nombre del turismo, me enfrenté al bicho. Lo primero que tengo que decir es que está sorprendentemente bueno; lo segundo es que, gracias a que la ley mosaica impide comer carne con sangre, la charcutería hebrea somete al trozo de pecho de vaca a tales tormentos que al final la sustancia ésta sabe a cualquier cosa menos a ternera. Si a ésto le sumamos las capas y capas de pepinillos, mostaza y chucrut, puedes terminarte tu bocata sin sentir la carne. Si aun así no te convences, podemos pasar a la guarrerida nacional de Quebec, la poutine, sobre la cuál creo que ya estarás más que bien informada. Dicen los puristas que es indispensable la salsa de carne, pero no es así: lo realmente importante son los pedazos de queso cuajado: deben estar absolutamente frescos, así que el plato (quicir) raramente resiste la exportación. Así que la mejor opción es hacértelas en casa: patatas fritas, queso cuajado (fromage en grains, dice el paquete) y una salsa de tomate natural y orégano (imprescindible que esté bien caliente). Si aún así te resistes a las guarreridas, pues, ya sabes: hacer la cola un domingo por la mañana en alguna de las panaderías judías del Mile End, llevarte una docena de bagels (recuerden: los bagels montrealeses han sido los primeros en ir al espacio) y tomarlos aún calentitos bajo un edredón bien grandote con zumo de naranja y litros de queso crema. Y basta ya, que tengo hambre.

Tercera cosa: Un paseo en bici. Obviamente ésto no es para hacerlo ahora, sino cuándo el invierno levante un poco el pie y la nieve dé paso al slush (me encanta ese nombre por lo gráfico y preciso) y el slush dé paso a una orgía de hojas y flores verdes. Montreal es, paradójicamente, una ciudad diseñada para el buen tiempo: parques enormes y preciosos, kilómetros de carriles bici, y elegantes y decorativas escaleritas de acceso a los edificios que se convierten en trampas destinadas a provocar esguinces y muerte en cuánto llega la primera helada. Ya he contado que cuándo alquilé una bici para pasear por la Isla Notre-Dame se me cruzaron dos castores por el camino (o eran castores o nunca he visto una rata tan grande en la vida) y estuve a punto de caerme en el canal de remo (por suerte, era agosto). Otro paseo bonito es por el canal de Lachine, pero éste requiere más tiempo. Y, desde luego, si tienes la preparación física adecuada y los suficientes bofes, puedes intentar trepar por el Mont-Royal (luego, como ya sabrás, merece la pena).

Cuarta cosa: El Estadio Olímpico. Sabes que te has convertido en un montrealés cuándo tu primera reacción al ver el complejo construido para las Olimpiadas del 76 es maldecir como un arriero a los Juegos, a las obras, a las deudas y a Jean Drapeau. Salvo a Israel, dudo que haya alguna parte del mundo a la que el período 1975-1980 haya sentado bien, y Montreal no fue una excepción. Por esa época se terminó el nuevo Palacio de Justicia (también llamado "¡Viva, hormigón pretensado y vidrio ahumado!") que le sienta a la Ciudad Vieja como un grano en la nariz, y se inauguró el Estadio Olímpico. Ve a verlo: es indudablemente espectacular. Y una vez lo hayas visto y lo hayas admirado, que te cuenten la realidad: que fue inaugurado, que no terminado, que el techo plegable jamás ha funcionado, que tuvieron que cerrar el estadio porque se cayó UNA VIGA en medio de los graderíos (afortunadamente, no había nadie), que ahora, si no fuera por los Montréal Alouettes, estaría vacío, y, por si fuera poco, se salió tanto del presupuesto que tuvieron que organizar una lotería especial, y aun así, sólo se terminó de pagar en 2004. Y recordar que salvo Nadia Comaneci, Alberto Juantorena y Teófilo Stevenson, los Juegos de Montreal fueron una bazofia miserable que nadie vio, nadie aguantó y nadie quiere recordar.

Así que aquí queda tu regalo. ¡Feliz Año Nuevo!

Seguiremos informando.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Vota sangre

Israel suele presumir (y la derecha global con ellos) de que son la única democracia estable de Oriente Medio. El hecho de que la propia actividad del Estado de Israel ha contribuido largamente a la veracidad de esa afirmación (véase, por ejemplo, la actividad democratizadora de Israel en Líbano) suele ser alegremente ignorada.

Pero la democracia israelí es, como el país en sí, muy sui generis. Una de las primeras cosas que me sorprendió, por ejemplo, fue que las élites, tanto políticas, como culturales, como económicas, durante los primeros treinta años de la existencia del Estado de Israel, eran mayoritariamente de izquierda marxista (el sionismo laborista del que ya he hablado) y que fue la derecha israelí la que creció a través del populismo obrero militante (normalmente es al revés). También fue sorprendente el hecho de que uno de los puntos fundamentales de la carrera de cualquier político israelí con aspiraciones debía ser un acto heroico de guerra.

Bien, partamos de la base: Israel celebra elecciones éste año que entra, y el Likud del renacido Benjamín "Bibí" Netanyahu va disparado por delante en las encuestas. El Likud basa su política en el que yo llamo Primer Consenso Sharon. ¿Y qué rayos es el Primer Consenso Sharon? Me explicaré.

El sistema de partidos de Israel es uno de los más atomizados del mundo, si uno exceptúa a los italianos y a los belgas. Hay 12 (doce) partidos en la Knesset, de 120 escaños, lo que da una proporción de 10 escaños por partido (en España esa proporción es de 35, en Canadá, 76). Como todavía nadie ha conseguido mayoría absoluta en la vida, y, al fin y al cabo, se trata de la propia existencia del Estado, entre la ciudadanía y los partidos políticos israelíes se desarrollan consensos. El primer consenso fue el Consenso del Laborismo Sionista o el Consenso Ben Gurión: Echar a los árabes, quedarse sus tierras y crear colonias agrícolas de un lado, del otro aguantar todo lo que se pueda a los ataques árabes, con el apoyo y patrocinio de los Estados Unidos. Éste primer consenso aguanto una treintena de años, hasta que reventó por tres costuras: primero, que lo de crear colonias agrícolas ya no era tan popular como antaño; segundo, que con la crisis del petróleo Estados Unidos ya no estaba tan dispuesto a pagar las facturas de Israel; y tercero, la aparición del terrorismo palestino. De ahí la aparición del Consenso Begin: "Paz con los enemigos exteriores, leña a los palestinos hasta que se corrijan". Técnicamente a los palestinos les dio por corregirse: Yasser Arafat se hizo mayor y más blandito, lo que dio paso al tercer consenso, o el Consenso Rabin: "Si damos territorios y autonomía a los palestinos, éstos nos darán tranquilidad." De ahí los acuerdos de Oslo, la foto de Rabin con Arafat, en fin, la historia consabida.

La muerte de Rabin ya muestra que el Consenso Rabin no era tan consenso. Los über-israelíes estaban ascendiendo, gracias a dos factores: primero, la entrada masiva de judíos de la Unión Soviética, terriblemente anti-socialistas, y segundo, el simple peso demográfico de los judíos ortodoxos. Al mismo tiempo, Hamás surgía como alternativa militante a la pasmosamente corrupta OLP, que iba perdiendo poder conforme Arafat iba chocheando. El Consenso Rabin murió definitivamente el día en que empezó la Segunda Intifada.

Yo me acuerdo porque pasó una semana después del primer (y último) viaje de mi mamá a Israel: Ariel Sharon fue a pasear por la Explanada de las Mezquitas. Para entender ésto, imagínense que Josep Lluis Carod Rovira viaja a Madrid, se baja del avión en calzoncillos blaugranas, pasea por la ciudad bajo fuerte escolta policial y aclamaciones del público y se caga en la puerta del Sol. Ahora multiplíquenlo por cinco mil. Ahí empezarán a tener una idea de lo que fue la Segunda Intifada.

Con ese acto, Ariel Sharon quiso demostrar de forma empírica una idea que, vista la reacción, caló fuertemente en la sociedad israelí: el Primer Consenso Sharon. La idea es que hagas lo que hagas, los palestinos, todos ellos, son ignorantes, violentos y asesinos, y su objetivo es destruir Israel. En consecuencia, lo que uno debe hacer es: a) Mantener la paz en las fronteras exteriores, violentamente si es preciso. b) Empujar la ocupación de Cisjordania hasta que los palestinos se mueran o se vayan, lo que ocurra primero. c) Ninguna agresión palestina debe pasar sin venganza. d) Lo que opinen los países que no sean Estados Unidos no tiene importancia. e) Si la opinión pública estadounidense se pone en tu contra (lo que ya de por sí es improbable) recordar que los palestinos son ignorantes, violentos y asesinos. Sencillo y fácil.

La oposición al Consenso Sharon viene de la izquierda y de la derecha. De la izquierda, porque manda al carajo las esperanzas de paz secula seculorum, y de la derecha, porque implica reconocer que Israel tiene, efectivamente, unas fronteras exteriores, limitando su expansión territorial. El problema fue que Sharon, como buen estratega y pésimo político que era (o es, recuerden que sigue vivo) consideró que Gaza era una frontera exterior; el Likud dijo que no, y de ahí se fragmentó el partido. El Kadima, el actual partido en el gobierno, era Sharon, y el actual primer ministro, Ehud Olmert, es un pringado corrupto. La sucesora y candidata del Kadima, Tzipi Livni, es una mujer, y aunque Netanyahu no es un héroe de guerra, su hermano sí lo fue (permítanme un momento Vicisitud y Sordidez: hay una peli sobre el tema dirigida por ¡Menahem Golan! Y con ¡Klaus Kinski!)

Así pues, los trescientos muertos de Gaza son un ejercicio del gobierno israelí para demostrar que son más machos que el Likud. El Consenso Sharon exige sangre de los palestinos. Simple y llanamente. Lo que ocurra ahora sí puede ser decisivo: ¿se atreverán a ocupar Gaza, o no?

Seguiremos informando.


domingo, 28 de diciembre de 2008

En busca del plan B

Murphy, el de la Ley de Murphy, más que un chiste es para mí un profeta del Señor, pues basándome en sus principios todo encaja y nada falta para entender mi vida.

Ésto viene porque, éste año, por primera vez en cuatro años, tenía muy claro desde hacía tiempo cuál era el plan para Nochevieja. Pero, porque Murphy es nuestro profeta y nada nos ha de faltar, pues ya no hay plan.

Así que, si saben de alguna parte donde puedan acoger a un gordo que juega al Trivial, llámenme. Puedo convocar a más gente.

Seguiremos informando.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Regalos de Navidad 2008 (I)

Éste va para el Metalero: para su placer y la desesperación de los que le quieren, ¡progresivo italiano!



Seguiremos informando.

Feliz Festivus

Pues así, a lo tonto, ya son las segundas Navidades de Ruina Imponente. Como siempre, felicidades a nuestros lectores cristianos, y, a los que no lo sean, feliz Hannukah, Kwanzaa, Festivus o lo que les parezca más conveniente. A nuestros lectores musulmanes no les voy a decir nada, pues ya pasó el Eid y no me invitaron a cordero asado. Ah, se siente.

En todo caso, espero que, si van a sufrir la penalidad de no leer Ruina Imponente hasta entonces, les deseo unas fiestas estupendas, que disfruten de la compañía de los les quieren (y, sí, eso incluye al inefable cuñado que asiente con la cabeza cada vez que escucha La Tarde con Cristina) y que se lo pasen lo mejor posible.

Es lo único que les pido.

Seguiremos informando.


lunes, 22 de diciembre de 2008

Becario cretino del mes

Mi mamá quería que yo hiciera Periodismo. En mis ya remotos tiempos de instituto (van a hacer diez años), aquí un servidor, acompañado de su inimitable amigo el Deivid y un siempre variable pero casi invariablemente mediano plantel de secundarios, creamos, redactamos, maquetamos (con Word 97; Dios sabe el trabajo que costaba) y publicamos un semanario al que dimos el poco original nombre de Primera Página. Aquí los émulos de Charles Foster Kane conseguimos, pasando por innumerables vicisitudes, sacar hasta cuarenta y tres ediciones del periódico de marras, pasando en el camino de cuatro páginas a ocho, y, finalmente (una vez garantizado que la dirección del instituto nos dejase usar la fotocopiadora para sacar la tirada, la primera componenda periodística de aquí su corresponsal con el Poder) a doce páginas por semana.

En un país en el que no hay tradición de prensa académica, Primera Página fue una hazaña. Pero yo tenía bien claro que no quería hacer Periodismo. Con la altanería que solo puede uno tener con dieciocho años, tenía bien claro que yo, escribir, ya sabía escribir (dudo que hoy en día pueda leer las columnas sobre televisión que escribía sin pasar vergüenza), lo que yo quería era convertirme en alguien suficientemente informado e ilustrado como para poder escribir sobre asuntos importantes sin meter la pata. Ya por aquél entonces, era lector inveterado de periódicos, y casi todos los días leía gansadas que harían enrojecer a Chico Marx; no quería pasar la vergüenza de que toda España supiera de mi ignorancia en letras de molde.

Así que, como ya saben, hice Ciencias Políticas y de la Administración, me licencié y ahora disfruto de un trabajo gratificante y medianamente remunerado, pero con nulas posibilidades de ascenso. Ahora mismo mis posibilidades de convertirme en periodista son más o menos las mismas de las de convertirme en fraile seglar de la Orden de Predicadores. Pero creo haber hecho lo éticamente correcto: no meterme a informar a la gente sin saber de lo que estoy hablando.

Por desgracia, hay gente que no tiene esos principios éticos: lean, por favor, éste engendro.

¿Ya se lo han leído? Bueno, para empezar: estuve en Londres hace doce días y voto a Dios (éste arcaísmo es un homenaje al Gentleman, esperando que se mejore) que había autobuses de dos pisos; digo más, es lo que más había en la ciudad.

Así que expliquemos un poco la nota de prensa (es indigno de llamarlo, como lo llaman, reportaje) que ha fusilado el patán éste (que tiene la desfachatez de ocultar su ignorancia refugiándose tras el nombre de la web), dado que el periódico "serio" más vendido de España no lo hace por nosotros.

Los AEC Routemasters, es decir, éstos:


son autobuses diseñados en 1954 y que se construyeron hasta 1968. Diseñados y construidos bajo las duras condiciones de la austeridad del posguerra británico, son trastos fabricados para durar. A finales de los 70 y principios de los 80, empezaron a ser retirados; diseñados para operar con dos personas (conductor y cobrador) empezaron a ser sustituidos por vehículos más modernos, que operaban con un conductor-cobrador. Dos cosas frenaron la retirada de los Routemasters: primero, que los autobuses nuevos (también de dos pisos) que los sustituyeron eran cascarrias (dos palabras: British Leyland) que se rompían más que los propios Routemasters; segundo, la privatización de los autobuses londinenses (gracias, señora Thatcher) que hizo que las nuevas compañías privadas, por ahorrar gastos, prefirieran reformar los Routemasters en lugar de comprar autobuses nuevos.

Cuándo ya a mediados de los 90 empezaron a surgir nuevos autobuses (adivinen: de dos pisos) decentes (con piso bajo, motor Volvo o Mercedes y mucho menos traqueteo) los Routemasters pasaron a ser sustituidos. El golpe de gracia fue cuándo se promulgaron las nuevas directivas de accesibilidad en los transportes públicos, que obligaban a adaptar toda la flota de autobuses de Gran Bretaña con el fin de hacerla accesible a minusválidos. El Routemaster, naturalmente, era tan accesible como el Necronomicón, así que la suerte estaba sellada: el viejo AEC sería progresivamente retirado de todas las líneas en circulación.

Pero para aquél entonces el viejo bicho era más que un autobús: era un símbolo de la ciudad, como la Torre, el Big Ben, o las cagadas de paloma en la plaza Trafalgar. Como siempre pasa en el Reino Unido, surgieron organizaciones de señoras con jersey de punto que protestaban contra un ataque más al patrimonio de los británicos en nombre del progreso; máxime cuándo el impulsor de la medida, Ken "El Rojo" Livingstone, era detestado por muchos conservadores por ser demasiado laborista y demasiado moderno.

Después de muchas protestas, se llegó a una solución de compromiso: los Routemasters seguirían operando en dos líneas del centro, la 9 y la 15 (aunque nunca exclusivamente, para no incumplir la ley) que serían "heritage routes"; en todas las demás, seguiría el proceso de retirada. Así, el 9 de diciembre de 2005, el último Routemaster regresó a su garaje después de hacer su servicio en la línea 159 (Marble Arch - Streatham). Y se cerró el telón.

Hasta ahora: Ken "El Rojo" fue derrotado por escaso margen en las últimas elecciones a alcalde por el histriónico Boris Johnson, el pijo más pijo de Londres, famoso por sus payasadas. Y entre sus propuestas (quicir) la que nos ocupa: volver a construir el Routemaster, ésta vez con piso bajo.

¿Funcionará? A saber. Los autobuses modernos que vi por allí eran bastante confortables, y, si fuese londinense, consideraría la idea uno más de los infinitos desperdicios de dinero con el que el ayuntamiento de la capital británica premian a sus ciudadanos.

Y después de todo ésto, pregúntense: ¿quién es el periodista: él o yo?

Seguiremos informando.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Notas japonesas

Todos los periódicos comentan la bajada de los tipos de interés de la Reserva Federal de los Estados Unidos, y todos coinciden: es una maniobra muy arriesgada. En todo caso, excitada por la posibilidad de dinero barato para seguir haciendo perreridas, las bolsas se han disparado... a excepción de una.

Si usted piensa que la burbuja inmobiliaria española ha sido grande, señora, es que no conoce la gran burbuja japonesa de los 80. En 1985, Ronaldo Reagan pidió ayuda a los bancos centrales del mundo para que los Estados Unidos pudiesen salir de la recesión. Hasta aquél entonces, el yen estaba tremendamente infravalorado con respecto al dólar; eso ayudaba a las exportaciones niponas, lo cuál cabreaba a unos Estados Unidos que se esforzaban día a día en promover el "buy American" sólo para ver como Toyota vendía cada vez más y más coches.

El Acuerdo del Plaza de 1985, entre otras cosas, devaluó el dólar respecto al yen. A partir de ahí, el yen se empezó a revaluar más y más. Y con ese dinero, Japón entero se fue de compras. Los mercados inmobiliarios y de valores se hincharon tanto, que pronto resultó más barato comprar el Rockefeller Center que un edificio de oficinas en Tokio. En aquellos tiempos, se decía que, si estuviera a la venta, el Palacio Imperial de Tokio y sus jardines valdrían más que comprar todo el suelo de Canadá.

Pero, como siempre pasa cuándo tu moneda está sobrevalorada (véase Argentina) el dinero se acaba y con él la fiesta. Las exportaciones japonesas pasaron a ser carísimas, Sony dejó de ser una marca barata para pasar al tope de gama (los coreanos se quedaron con el mercado) y todo se fue a la mierda tan rápidamente como había subido.

Y aquí llega mi punto: desde 1991 los tipos de interés del Banco de Japón oscilan entre 0 y 0,5 por ciento (ahora es del 0,3), y la economía japonesa no ha reaccionado nada, o casi nada, desde entonces.

De ahí mi falta de optimismo, y el de mucha gente. Y de ahí, que el único índice bursátil que no ha reaccionado con euforia a la decisión de la Fed haya sido el Nikkei de Tokio. Japan knows best.

Pero como no soy economista, en realidad a lo que iba era a despedir a un viejo señor japonés, que ésta semana ha dicho su último adiós:


El pasado día 14 circulaba el último tren de la serie original de trenes de alta velocidad japoneses, tras 44 años de servicio. Habla muy bien de la calidad de éstos trastos el hecho de que, a pesar de que los trenes de alta velocidad en Japón se retiran a los quince años de servicio, éstos hayan circulado, sin demasiadas complicaciones, durante casi el triple de tiempo.

Los Serie 0, como se les conoce ahora (para no confundirlos con el resto de trenes que circulan por las Shinkansen) fueron los primeros trenes de gran velocidad a ser construidos. Fueron la prueba definitiva de que había que tomarse en serio a la ingeniería y a la tecnología de Japón, y, sobre todo, fueron modelo e inspiración de todas las redes de alta velocidad que vinieron después.

Seguiremos informando.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Explicar y comprender

¡Grecia! ¡Cuna de la cultura occidental! ¡Tierra de la democracia! No se dejen engañar: en la práctica, tres mil años después, Grecia es una versión oriental de España: la misma afición a hablar en voz alta, a ser patriotero, a comer durante horas y a quejarse de todo. Lo único diferente es que ellos tienen popes barbudos y nosotros no, y para ser sinceros, todo eso que nos perdemos.

En Atenas llevan ya una semana lloviendo las piedras y hay explicaciones para todos los gustos. Desde los que ven en la muchachada una saludable aproximación a la revolución social anti-capitalista (o simplemente los ven como una juventud sana y deportista) hasta los comentaristas de derecha, que oscilan entre considerarlos símbolos del fracaso del estado del bienestar, los cimientos de un complot anarquista para acabar con la sociedad cristiana y occidental, o, simplemente, gente que no tiene nada mejor que hacer.

Es el vicio usual, al que yo, normalmente, me sumo con indiscriminada alegría: intentar explicar antes que intentar comprender. Los que, como un servidor, vemos el mundo con un cinismo permanente y tremebundo, estamos acostumbrados a que todo tenga una explicación prima facie; y si no, nos la inventamos.

Y, por ésta vez, no me veo capaz. No me veo capaz de explicar lo que ha sucedido y sucede en las calles de Grecia: quizás en parte sea lo que dicen unos, quizás en parte sea lo que dicen los otros, probablemente no sea nada de lo que dice nadie.

Lo que sí habría que intentar es comprender lo que ha ocurrido. Y hasta entonces, mantenerse en silencio.

Seguiremos informando.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Les presento a John

Éste hermoso jamón de Segovia, junto con sus compañeros Paul, George y Ringo, ha sido el botín del Torneo de Pub Quiz de "The Irish Rover" (temporada otoño 2008) obtenido por el ímprobo cuarteto que se hace llamar Trío Calaveras & The Lady, compuesto por The Lady, Aserraderos McNeil, el Príncipe de Beukelaer y aquí un servidor. Sirva ésta foto como conmemoración y homenaje a nuestro trabajo en equipo, a nuestra camaradería y a nuestra capacidad de beber pintas (de lo que sea) y que sirva como antesala a nuevos cachos de gorrino a obtener en el futuro.

Seguiremos informando.

viernes, 5 de diciembre de 2008

¿Saben inglés?

Pues léanse ésto: es lo más grande que he visto en mucho tiempo, y, por desgracia, acierta en el centro del blanco a la hora de definir mi concepto de las relaciones de pareja.

Por cierto, me voy a pasar el puente a Londres. Intentaré mantenerme en contacto, pero si no es así, nos vemos el jueves.

Seguiremos informando.

Practica deporte: contamos contigo

Me sugiere mi maestro el Metalero que responda a la inscripción de Zapatero en el gulag humanista de Rubiano por su propuesta, al calor de la consecución de la Copa Davis, de crear un ministerio de Deportes. Consideran ambos, y con razón, que es una medida populista. Y como saben que lo que más se desprecia en éste blog, después de Gran Hermano y los grupos de lolailochunda, es el populismo, me han provocado a escribir, dado que, por motivos que no consigo entender del todo, parecen apreciar cuándo me pongo en modo "justa ira" por escrito.

Hay uno, y sólo uno, punto que podría ser positivo en la propuesta. La Secretaría de Estado para el Deporte depende del ministerio de Educación: con la transferencia de las competencias al nuevo ministerio, la ministra de Educación, en teoría, dejaría de estar protocolariamente en todos los palcos de España y podría dedicar su tiempo a tareas secundarias, como, por ejemplo, evitar que la próxima generación de españoles sea funcionalmente analfabeta o poner tasa a los afanes privatizadores de la Espe. Pero como todos sabemos que sería así, pues, para qué defenderlo más.

En la modesta opinión de éste su corresponsal, el ministerio de Deportes es, más que una medida populista, simple y llanamente, una forma de darle una cartera ministerial a Jaime Lissavetzky. Y nada más. Nada más, porque nadie tiene el valor de meterle el cuchillo al que las que, con casi total seguridad, son las instituciones más corruptas de España: las federaciones deportivas.

En nuestra discusión sobre el deporte y su regulación política, pedimos ayuda a nuestro experto en deportes de guardia, Jaime "Aserraderos McNeil", cuya opinión acerca de la situación del deporte en España pudo intuirse fácilmente gracias al generoso uso de la palabra "mierda" con el que nos premió durante toda la conversación.

Y recordamos todos los detalles: que las federaciones son instituciones privadas regadas con dinero de toda clase, tanto público como privado, algunas de forma pasmosamente generosa (véanse fútbol y baloncesto) y cuya estructura interna es en el mejor de los casos corporativa y en el peor, abiertamente dictatorial.

Igualmente recordamos que los mecanismos de chantaje de éstas instituciones son potentísimos (véanse los peruanos, que se han quedado sin Mundial de fúmbo) y que cualquier intento por parte del Gobierno de meter mano a la orgía de dinero y poder que son las federaciones queda en agua de borrajas antes de empezar.

Así pues, queda preguntar a mi estimado amigo Hidalgo, que sabe de las componendas y ambiciones de poder dentro del PSOE mejor que yo, qué motivo puede tener nuestro presidente del Gobierno para darle una cartera al ubicuo señor Lissavetsky.

Por cierto, y ya que estamos: no se metan con Pedro Castro: simplemente pensó en voz alta lo que mucha gente piensa: yo, entre ellos.

Seguiremos informando.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Tan tranquilos que estaban los muchachos

Dije que iba a hablar de política canadiense y así lo haré, para el interés de...bueno, de quién sea.

¿Recuerdan dónde lo dejamos? Bien, desde entonces, entre otras cosas, ehm, la crisis económica. El recién elegido gobierno conservador de Stephen Harper anunció hará un par de semanas un plan anti-crisis sacado directamente del manual de la derecha populista: en lugar de resucitar el keynesianismo como está haciendo todo el mundo, los conservadores optaron por prohibir las huelgas de funcionarios (hasta 2011), vender propiedades de la Corona (entiéndase, empresas públicas y tierras federales) y, sobre todo, acabar con la financiación pública de los partidos políticos. Todo ésto, recordemos, con un gobierno en minoría parlamentaria.

Si Harper pensaba que los tiempos de crisis harían que la oposición se tragase todo ésto sin protestar, se equivocaba. E inmediatamente tanto los liberales como los socialdemócratas del NPD se mostraron abiertamente en contra: sobre todo, contra el fin de la financiación pública de los partidos, por razones obvias: mientras que los conservadores reciben el 37% de sus ingresos del Estado (con los amigos del sector privado aportando el resto), los socialdemócratas dependen del fisco en un 57% y los liberales en un 63%.

Recordemos que, en un sistema westminsteriano como el canadiense, por convención, cuándo una ley de presupuestos es rechazada en el Parlamento, el gobierno dimite. ("Loss of supply", se llama.) Y cuándo el gobierno dimite, también por convención, se convocan nuevas elecciones.

Pero las elecciones fueron hace menos de dos meses, y nada hace pensar que los canadienses hayan cambiado tanto de opinión desde octubre para acá. Ante la oposición, lo normal sería que los conservadores cediesen, recortasen los aspectos más polémicos de la ley, y la volviesen a someter al Parlamento, más moderada.

¿Y, entonces, por qué la política canadiense parece haber explotado durante los últimos cuatro días? Pues la primera bomba fue que la oposición liberal-socialdemócrata charló un poco y se dijo: y ya que nos llevamos tan bien, ¿por qué no hacer una moción de censura constructiva y formar un gobierno de coalición?

Una moción de censura constructiva, para los que no hayan tenido la suerte de estudiar Políticas, es muy sencilla: el parlamento se reúne, echa a patadas al gobierno, y al mismo tiempo (de ahí lo de constructiva) forma otro. En España se ha intentado dos veces (nunca se ha conseguido) pero en Canadá nunca: no es sólo una novedad, es reventar con todas las convenciones parlamentarias existentes: sobre todo con una que tanto aprecia el PP español, la que dice que el partido más votado es el que gobierna. Siempre.

Pero faltaba una parte de la ecuación: los liberales y el NPD no podían (ni pueden) derribar al Gobierno ellos solos. Necesitaban la connivencia del Bloque Quebequense, que como ya saben si han leído atentamente los anteriores artículos, detestan más a los liberales que a los propios conservadores. Y de todos los liberales, no hay ninguno al que detesten más que a su actual líder, Stéphane Dion.

Y de ahí la segunda bomba: el Bloque, con su líder Gilles Duceppe a la cabeza, dijo que no tendrían ningún problema en apoyar la moción. No formarían parte de la coalición, pero tampoco derribarían el gobierno.

¿Por qué Gilles Duceppe, sorprendiendo a propios y a extraños, dice que no tiene ningún problema en convertir al execrado Stéphane Dion en Primer Ministro del Canadá? Primera respuesta: Gilles Duceppe es un perro viejo de la política; sabe que si apoya la moción, tendrá al nuevo gobierno canadiense cogido por las bolas. Lo cuál, como bien saben nuestros partidos nacionalistas, es tremendamente rentable. Y segunda respuesta, y más plausible: el Bloque Quebequense depende en un 86% de la financiación pública. La ley Harper iba a por el Bloc, más que ningún otro partido. Y eso, para un partido que había salvado de la quema a los conservadores durante toda la legislatura anterior, merece venganza.

Viendo por dónde iban los tiros, el gobierno conservador entró en modo panic. Pagó anuncios en la radio diciendo que la oposición liberal se proponía gobernar "con los separatistas y con los socialistas" (no sé dónde he oído yo ésto antes). Y, al mismo tiempo, propuso suspender las sesiones del Parlamento (y, en consecuencia, evitar la presentación de la moción de censura) hasta después de las fiestas de Navidad. Pero ésto último dependía de lo que hiciese la gobernadora general.

Hagamos un inciso para explicar lo de la gobernadora general: técnicamente, la jefa de estado de Canadá es la reina Isabel II del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, tal y como lo es de los otros 21 estados de la Commonwealth. Pero visto que Her Majesty tiene cosas que hacer en su isla, en Canadá es representada por un gobernador general: una persona que hace todo lo que la reina tiene que hacer en nombre de la reina. El caso es que el Gobernador General es elegido por el Primer Ministro. Y, aunque en teoría es políticamente neutro, en la práctica siempre corre el riesgo de que tenga alguna lealtad política a quién le colocó, literalmente, en el trono.

La actual gobernadora general del Canadá es Michaëlle Jean, quebequense e hija de exiliados haitianos, ex-presentadora de la Societé Radio-Canada (sigo considerando que aceptó ser gobernadora general porque no veía posibilidades de subir en la empresa), y nombrada por el ex-primer ministro liberal Paul Martin.

Así que (siento el anti-clímax, pero es que ésta entrada se me está alargando) la gobernadora general ha recibido ésta mañana al primer ministro Harper y ha aceptado su solicitud de suspender las sesiones del Parlamento hasta después de las fiestas.

¿Qué pasará?

Seguiremos informando.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Rama Lama Ding Dong

De todas las monarquías existentes en éste mundo de Dios (Mademoiselle Fifí mantiene una lista actualizada) una de las más interesantes y complejas es la tailandesa. Aunque Tailandia es un país abrumadoramente budista, la legitimidad fundamental del rey viene de que su familia se atribuye descender de un avatar de Vishnú, una divinidad hinduista. En consecuencia, el rey Bhumibol Adulyadej (los occidentales pueden llamarle Rama IX), en teoría, no sólo es el rey de Tailandia, sino además, un descendiente divino, un ser sagrado intocable y poderoso. En la práctica, es un señor a punto de cumplir 81 años (coronado en 1946, es el monarca que lleva más tiempo en el trono) y que sigue poseyendo las orejas más grandes del Sudeste Asiático. (Gracias a ésta última frase, éste blog pasa a ser censurado en Tailandia. Espero recibir una notificación de los censores. Mándenmela. Me sentiré orgulloso.)

La sacralización de la monarquía tailandesa no sólo viene de su descendencia divina, sino del propio orgullo nacional que produce el régimen. Recordemos que gracias a la prudencia de los antecesores del actual rey, Tailandia consiguió mantenerse como el único país independiente en dos mil kilómetros a la redonda. Técnicamente, la monarquía sigue siendo, de lejos, la institución más popular en Tailandia. El problema es que nadie puede medir exactamente cuán popular es, pues Tailandia tiene posiblemente las leyes de lése majesté más chungas del mundo.

Todos los años sale alguna historieta de éstas: un turista, normalmente australiano o británico, borracho como una mofeta (es un símil brasileño), comete alguno de los múltiples actos que pueden considerarse ofensivos al rey: apoyarse en uno de los millones (literal) de carteles con la imagen del rey, no levantarse cuándo aparece la foto del rey al empezar la película en el cine, o, incluso, meterse con sus orejas (¿se nota que me fascinan las orejas del rey Bhumibol?). Se va al calabozo un tiempo, se le pasa la mona, viene el consulado, le dan unas collejas y a esperar el próximo caso.

La cuestión es que la lesa majestad se ha convertido en el instrumento por excelencia para hacer política en Tailandia. Como son leyes tan complicadas, basta que se levante alguien para decir "ha mirado mal al Rey" para que esa persona pueda perder el cargo, o incluso la vida. Así pues, cada vez que alguien le ha caído mal a Rama IX, nunca ha faltado nadie para acusar de lesa majestad a esa persona. Y una vez hecho ésto, esa persona nunca ha durado mucho donde quiera que estuviese.

Recordarán que en 1997 Tailandia fue alcanzada por una crisis económica chunga: la moneda nacional se hundió, el desempleo subió, y no queda claro si nos llegaron a pagar por el portaviones que les vendimos. Como siempre que hay un deshielo económico de éste tipo, los populismos crecen como setas. Y de aquí vienen los problemas.

Entra en escena Thaksin Shinawatra. Un ex-policía, fundador de la primera empresa de telefonía móvil de Tailandia, tiene ambiciones políticas, labia y mucha pasta: las comparaciones con Silvio Berlusconi no van desencaminadas. En las elecciones de 2001, el partido del señor Shinawatra, Tailandeses que aman a los Tailandeses, gana las elecciones. Inmediatamente empieza a aplicar políticas keynesianas que le hacen tremendamente popular pero que le granjean la antipatía de las élites del país que llevan gobernando desde, bueno, siempre.

Así, pues, se empiezan a articular las fuerzas contra Shinawatra. Así que entrevistan a un monje budista en una revista (no me diréis que no es guay) diciendo que el primer ministro quiere ser más poderoso que el rey. Anatema, naturalmente, pero es la primera piedra del dominó de la lesa majestad. Y lo único que el primer ministro puede hacer es demandar a la revista: meterse con el monje sería sacrilegio.

Vestidos de amarillo (el color de la monarquía) los conservadores de Bangkok salen a la calle: empiezan a surgir protestas contra Shinawatra, que van subiendo de nivel hasta que el ejército entra en escena; en septiembre de 2006, hay un golpe de estado y Shinawatra, que está en Nueva York, se ve derrocado. Los golpistas se declaran monárquicos (por si quedase alguna duda, en lugar de las habituales marchas militares de los golpes, las radios emiten canciones compuestas por el rey) y el rey, como no, apoya el golpe.

Thaksin Shinawatra se muda a Londres, y, para entretenerse, compra el Manchester City (ya dije que tenía dinero). Mientras, en Tailandia, los militares (presionados por Estados Unidos, que no es tan fan de las dictaduras como antes) hacen una nueva constitución, convocan nuevas elecciones...y las pierden.

Un partido populista, el Partido del Poder del Pueblo (no son muy originales, no) gana las elecciones. Shinawatra puede volver a Tailandia, y lo hace, aunque pronto le queda claro que en algún momento le entrullarán: cuándo no por la lesa majestad, por las leyes estilo Berlusconi que promulgó durante su mandato (una de las más guays le permitió vender su porcentaje en la mayor telefónica del país a una empresa de Singapur...y agenciárselo todo libre de impuestos) así que, cuándo puede (durante los Juegos Olímpicos de Pekín) se pira otra vez a Londres.

Y, vuelta a empezar: el molinillo de la lesa majestad vuelve a funcionar, la derecha bangkokita vuelve a vestirse de amarillo y a salir a la calle, y ayer mismo, el Partido del Poder del Pueblo es prohibido por el Tribunal Constitucional.

¿Y qué queda? El rey cumple 81 años el viernes: ya está muy mayor, y su heredero designado no parece tener una pizca del carisma y del tacto político de su papá.

El republicanismo en Tailandia, hoy, parece un espejismo. Veremos.

Seguiremos informando.

P.D. ¿Se imaginan que en 2000 el PP hubiera ganado sin mayoría absoluta? ¿Se imaginan que toda la oposición, del PSOE hasta Coalición Canaria, se hubiera coaligado en contra del gobierno y hubiera hecho una moción de censura constructiva? Bienvenidos a Canadá, 2008. Hablaré sobre el tema, próximamente.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Lo que nos vamos a reír

El objetivo del terrorismo es crear dolor y caos, en ese orden. Cualesquiera objetivos anejos son eculubraciones. El ataque (más que atentado) de Bombay ha cumplido con creces ambos objetivos. El dolor de 125 muertos y el caos provocado por atacar el centro neurálgico de la inversión extranjera en la India: los hoteles de lujo del centro de Bombay.

Pasemos ahora a las consecuencias anejas: el gobierno indio de Manmohan Singh (a.k.a. el Papá Noel Sikh), enfrentado a la preocupación de la opinión pública extranjera y, sobre todo, al miedo y la indignación de una naciente clase media deseosa de mano dura (y una oposición ultranacionalista que pide venganza) se ve obligado a hacer un gesto contundente en respuesta al ataque. Como es usual en el gobierno indio (independientemente de su orientación política), el hecho de que haya 155 millones de musulmanes en la India es alegremente ignorado (Lord Shiva nos libre): si hay un atentado terrorista de orientación musulmana en la India, la culpa, como no, es de Pakistán.

Y, claro, lo que necesita ya Pakistán para irse a la mierda del todo es una guerra con la India. Aparte del hecho de que ambos países tienen bombas atómicas (hecho que ya de por sí debería preocuparle, señora) el gobierno pakistaní, que no tiene ni tres meses, tiene el doble y peligroso sambenito de ser un gobierno heredado (el actual presidente es el viudo de Benazir Bhutto) y de ser pro-americano.

Lo que puede pasar es que Nueva Delhi le dé una colleja a Pakistán (una incursión en Cachemira servirá) e que Islamabad reciba una llamada telefónica de Washington sugiriéndoles no responder. El gobierno pakistaní puede responder de dos formas a ésta llamada.

Las dos posibilidades asustan: si deciden hacer caso a los Estados Unidos, naturalmente, eso despertará la indignación antigubernamental y antiamericana, debilitando aún más el gobierno Zardari y acercando las posibilidades de un desmoronamiento espectacular del gobierno, dejando la puerta abierta a un gobierno islámico en Pakistán: es decir, Afganistán con misiles de crucero. Y si deciden no hacerles caso, bueno, una guerra entre India y Pakistán. Enough said.

Ante éste escenario del fin del mundo, mi reciente amigo aforado (entendiendo como tal la definición de la R.A.E.: que goza de fuero) me comunica que, para los españoles, la noticia aquí es Esperanza Aguirre dando una rueda de prensa en sandalias (¡con calcetines!) para hablar del susto que ha pasado y que no debía salir de casa en ciertos meses. La portada de El Mundo (como no, el palmero oficial de la condesa) de ésta mañana es especialmente vergonzante en ese sentido.

Miren, no. Si con las cosas de comer no se juega, Esperanza Aguirre está haciendo malabares con hogazas de pan. La culpa es de ella, por bromear con algo tan serio; pero igual culpa tiene un periodismo estúpido y mal enfocado, que se centra en los shows populistas que la presidenta de la Comunidad de Madrid es tan experta en hacer, y se olvida de ocuparse de lo importante, por que, total, es ajeno y doloroso, y, en consecuencia, poco comercial.

Vergüenza debería darles.

Seguiremos informando.


jueves, 27 de noviembre de 2008

Como en los viejos tiempos

Allá durante los tiempos remotos, cuándo mi ordenador llevaba Windows y rebuscaba por las estanterías de los centros comerciales en busca de videojuegos interesantes y baratos, me agencié un juego que se llamaba Trópico. Al juego en sí le pesaba un motor gráfico horrendo (sacado del Railroad Tycoon II, de la misma casa) que lo hacía injugable, pero el argumento inicial era divertidísimo: eras el líder de una isla del Caribe, elegido por métodos democráticos (o no), y tu objetivo era gobernar justamente (o no), tratar bien (o mal) a tu población y luchar contra el peligroso y ateo comunismo internacional (o unirte a la lucha antiimperialista de los pueblos del Tercer Mundo)

Y no sé qué me lleva a la mente éste juego...ah, ya sé, quizás ésto:


Sí, amigos, Dmitri Anatolyevich Medvedev está en Caracas y se ha llevado a unos amiguitos con él: un cachito de la Flota del Norte, incluyendo el crucero de propulsión atómica Pedro el Grande (antes Yuri Andropov) y aquí el amigo de la foto, el destructor Almirante Chabanenko. Aunque el populismo del líder ruso es notable, dudo que el crucero caribeño sea un regalo para la flota porque en Murmansk en ésta época del año se pasa frío.

Más bien es que Rusia ha visto con notable agrado que Estados Unidos, a través de la pirotécnicamente pobre política latinoamericana del gobierno Bush, ha, por decirlo de alguna manera, perdido pie en América Latina. Y visto como China también ha entrado a saco en busca de algo que pescar, la nueva autocracia oligárquica rusa, animada tras la pequeña espléndida guerra con Georgia, ha decidido que es hora de recuperar las viejas tradiciones.

Y la puerta de entrada, como no, ha sido El Hugo, damnificado por la vieja ley de Venezuela ("El Petróleo te lo dio, el Petróleo te lo quitó, bendito sea el nombre del Petróleo") y con sus planes populistas a todo gas, provocando lo de siempre (tras once meses, la nueva moneda nacional "anti-inflación", el bolívar fuerte, se vende en el mercado negro a la mitad de su valor oficial) y ansioso por un amigo.

Ay, los viejos tiempos.

Seguiremos informando.

martes, 25 de noviembre de 2008

Chi ha paura de la notte

Entre los rasgos más destacados de la política populista en general y del populismo de derechas en particular está el dar bandazos espectaculares cada vez que la prensa se centra en un asunto concreto. Así, el escándalo provocado por la muerte a palos de un chaval en la über-pija zona del Balcón de Rosales, reforzado por la ya consabida pero siempre escandalosa laxitud de las regulaciones nocturnas (el local no tenía licencia, y como no tenía licencia, no se puede denunciar a un local que no existe), ha provocado la habitual reacción histérica de la municipalidad, que ha unido lo útil a lo agradable y ha aprovechado para continuar su campaña contra toda música en directo en la capital que no se toque en Las Ventas y que no esté patrocinada por los 40 Principales.

Entramos, una vez más, en la paradoja de la noche madrileña: por una parte nos gusta su vitalidad, su libertad, el hecho de que la droja circule en Madrid con más alegría y fluidez que en otras ciudades famosas por ello (en mis diez meses en Rotterdam, vi fumar canutos en la facultad una única vez. Aquí...estudié Ciencias Políticas en la Complutense, y con ello creo que queda todo dicho), pero, a su vez, tememos reconocer el hecho de que una ciudad que nunca duerme es, por ello, más peligrosa que una ciudad que sí lo hace.

Es incontestable que próximamente viviremos un repunte de la criminalidad en la capital: es inevitable en situaciones de crisis. El ayuntamiento, los ayuntamientos, tienen la obligación de centrarse en proteger la actividad de la noche madrileña en lugar de reprimirla, no sólo por el bienestar de los ciudadanos (que ya sería motivo suficiente), sino porque además es un activo turístico, y en consecuencia, económico, de primera importancia.

Y eso implica un gasto extra en seguridad. Nadie se esperaría de un gobierno de derechas que se privase de contratar policías, pero en un ayuntamiento ahogado por las deudas que Alberto Ruiz-Gallardón ha contraído para llegar a la Moncloa, incluso eso parece complicado.

En todo caso, Madrid de noche ha de ser un lugar seguro, porque es la noche, en gran medida, la que convierte a Madrid en Madrid. Eso implica dejar de poner la seguridad en manos de matones (tal que así) y devolverla a su responsable: el Estado.

Y hablaremos otro día de la música en directo.

Seguiremos informando.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Qué cruz, Dios mío

Antes de nada: ¡Judíos nazis! Si sumásemos zombis a la ecuación ya tendríamos una gran película de la época dorada de la Hummer.

En fin, a lo nuestro. En Valladolid, ciudad en la que tuve el placer de residir y estudiar mi quinto curso de Primaria (por aquél entonces, en la Alta Edad Media, todavía se llamaba E.G.B.) un juez ha ordenado retirar los crucifijos de las aulas de un colegio público. El PSOE de Castilla y León (gente dotada de un innato don para la oportunidad, como prueba nuestro presidente del Gobierno) ha pedido que, ya que estamos, se saquen de las aulas de todos los colegios castellanoleoneses.

Y, por supuesto, se ha desatado una vez más la protesta de los habituales carcatólicos que ven por todas partes la persecución a la religión que practica la mayoría de españoles que tienen suficiente tiempo y suficientes tragaderas para practicar una religión.

Así, el ubicuo cardenal Cañizares ha dicho que por cosas como lo de las cruces y lo de sor Maravillas (otra que) la sociedad española está enferma de cristofobia (olé), que viene a ser como odiarse a sí mismos. Eso dice.

En otro show, el congreso de la Asociación Católica de Propagandistas (cuyo fundador aún tiene en nuestra capital una calle de seis kilómetros a su nombre), pues, bueno, el mensaje de siempre: que no se respeta el derecho a la vida, que la familia está en peligro, que el Gobierno quiere quitar el derecho inalienable de los padres de convertir a sus hijos en cristofreaks beatos como ellos, etcétera y etcétera.

Pero lo más divertido ha sido lo del simpático juez Ferrín Calamita, ese juez de Murcia que bloqueó la adopción por parte de dos lesbianas por sus creencias religiosas (las de él, no las de las futuras mamás). Por más que he buscado no he conseguido encontrar los delirantes comunicados de sus abogados en los que básicamente se declara un mártir por sus ideas religiosas; que el Gobierno no le permite tener ideas ni religión y que ésto es una cruzada laicista. Ésto requiere una puntualización.

Para mí, y para el Estado, el señor Ferrín Calamita, al terminar su jornada laboral, puede hacer lo que le venga en gana. Ir a misa, ir a la mezquita, sacrificar terneros a Cthulhu, lo que quiera. Pero en un tribunal, uno aplica la ley. Y la ley española, votada en el Congreso de los Diputados por los representantes del pueblo elegidos democráticamente, dice que todos los españoles tienen derecho a formar una familia, diga lo que diga el Cardenal, a quien nadie ha votado. Por eso está siendo usted juzgado, juez. Por no hacer su trabajo.

Que todavía estemos con ésto. Qué cruz.

Seguiremos informando.


viernes, 21 de noviembre de 2008

Faldas de colegiala

Lo fantástico de ser Esperanza Aguirre es que puedes ignorar perfectamente el hecho de que en democracia uno es elegido para servir a toda la ciudadanía (al fin y al cabo, ésto de la democracia es un petardo) y se puede dedicar uno a lo que realmente ha venido, que es a gobernar exclusivamente para el electorado propio.

Lo de la subvención al uniforme escolar, uséase, una medida dedicada exclusivamente a los padres que ponen a sus hijos en colegios de curas (y no me vengan con lo de colegios privados laicos: hay como tres), es decir, a gente de natural inclinada a perpetuar al cardado de doña Espe en su confortable despacho de la Puerta del Sol, es, como no, una muestra más del populismo de derechas descarado al que Espe nos tiene acostumbrados; that's not news.

Uno, que es un pervertido desde hace tiempo, podría hacer chistes sobre el incremento de las falditas de colegiala que la brutal política en contra de la educación pública de Esperanza y sus secuaces está produciendo en las calles de nuestra comunidad.

Pero como saben, me tomo éste tema en serio, y no hago chistes.

El drama en ésto está que, para los medios de comunicación y para la opinión pública, Esperanza Aguirre es una figura política nacional. Esperanza Aguirre gobierna la Comunidad de Madrid única y exclusivamente para hacerle oposición a José Luis Rodríguez Zapatero. Es la peor clase de oposición: la que puede ejercer alguien que tiene dinero para tirar en populismos como éste, y, lo que es peor, no lo recauda a través de impuestos directos. La segunda consecuencia es sabida por todos y es que dado que Espe es una figura política nacional, quién le da la réplica en la tele no es Tomás Gómez, sino María Teresa Fernández de la Vega o Pepe Blanco.

¿Quoque tandem?

Seguiremos informando.


jueves, 20 de noviembre de 2008

Ubi pus, ibi evacua

Todos tenemos, o hemos tenido, granos. Se producen cuándo un poro de la piel se infecta. El cuerpo combate la infección, y los glóbulos blancos y otras células muertas en el proceso se acumulan en el poro. El poro se hincha, y se hincha, y tenemos un grano. Reventar los granos ajenos es, para mucha gente, divertido. En cambio, reventarse los propios granos es un proceso molesto cuándo poco, doloroso muchas veces. Pero hay que hacerlo. La máxima latina que da título a éste artículo es muy clara: "Si hay pus, hay que evacuarlo."

El franquismo fue una infección en la Historia de España. La herida se la produjo la propia II República, un corte en el tejido de la Historia provocado por quienes pretendían democratizar y modernizar España de forma acelerada en una España y en una Europa donde la democracia y la modernidad habían pasado de moda. Pero la infección se hizo más grande que la herida; creció, mutiló y pudrió, convirtiéndose en un rasgo característico: era imposible mirar a la cara de España sin ver aquél bulto amarillento y violáceo desfigurando el rostro de nuestro país.

Llevamos 33 años intentando maquillar ese bulto. Y en gran medida, lo hemos conseguido. Pero la herida sigue ahí, y lo que es peor, de vez en cuándo suelta pus, lo que la hace aún más vergonzosamente obvia. Y cada vez más gente ve que mientras que cada vez más países ya han purgado sus heridas (en muchos casos, con nuestra ayuda entusiasta: recuerden, es divertido reventar granos ajenos) y no necesitan maquillaje para mostrarse al mundo, nosotros seguimos con ese manchón bajo nuestros ojos.

Cada vez más personas, con cada vez más fuerza, piden reventar esa herida que nos desfigura, y soltar el pus que nos avergüenza. Pero o se teme el dolor, o se teme la vergüenza, o, directa y absurdamente, se echa la culpa de la infección a la herida. En todo caso, la herida sigue ahí, su pus también, y no nos curaremos hasta que pongamos los dedos, presionemos fuerte, y soltemos todo lo podrido que se guarda debajo. Y quizás entonces ya no necesitaremos maquillaje.

Ubi pus, ibi evacua. Sigue siendo la hora.

Seguiremos informando.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Esperen a los burócratas

Es dudoso que la tan mentada cumbre del G-20 haya servido para algo per se. Como bien se sabe, en el sistema internacional no son los grandes líderes los que toman las grandes decisiones, sino las aburridas conferencias multilaterales, tras meses y años de extensísimas reuniones en varios continentes, inacabables discursos en birmano y toneladas de papel, tóner y botellines de agua mineral.
La pregunta era si la cumbre de Washington daría los pasos necesarios para que una conferencia de éste tipo se produjese. La respuesta es no, pero eso se daba por sentado. Quizás en cumbres posteriores se decidan a dejar las cosas en manos de los burócratas. Mientras tanto, el primer paso puede darse ya mismo.
Una cosa, para mí, queda clara desde el principio: el capitalismo, como sistema económico, es el mejor, siempre y cuándo sus fallos sean controlados y compensados por un estado democrático. Así pues, el primer paso es recuperar, en las economías desarrolladas, los frenos y contrapesos aplicados al mercado que tan alegremente fueron tajados en los días de gloria del neoliberalismo reaganista. Y ya, a posteriori, tras la última reunión y el último discurso y el último botellín de agua, montar una institución internacional que intervenga en los mercados globales evitando desastres como los que acabamos de ver.
Soy un optimista, lo sé. Pero es que las alternativas son mucho peores. Los populismos autoritarios crecen como setas en condiciones como éstas. Y ahora no hay URSS para compensar el nacionalismo neofascista. Tengan miedo. O no.

Seguiremos informando.

martes, 11 de noviembre de 2008

Aclaración

Y yo que me enorgullecía tanto de mi florido verbo:

La fiesta en La Parada de los Monstruos es éste sábado 15 a las 22 horas, como antes indiqué. El viernes 14 sigue siendo mi cumpleaños.

Seguiremos informando.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Cascotes (VIII)

Las decisiones que no se quieren tomar

Mientras algunos se preguntan ¿qué hacemos con Afganistán?, otros se preguntan ¿qué hacemos en Afganistán?. La intención manifiesta, en 2001, era pillar a Bin Laden, pero ahora mismo el mandato de la ISAF es una difusa componenda destinada a conservar a algunos jefes tribales en detrimento de otros jefes tribales, mientras el opio fluye y los Kalashnikovs también. Y la solución, como siempre, es la misma: si queremos imponer la paz y la democracia en Afganistán hacen falta más soldados, más equipamiento, y, sobre todo, que en Occidente se entienda que no se puede imponer un sistema político en un entorno directamente hostil sin cadáveres. La otra opción es dejar a Afganistán en manos de los afganos para que se sigan matando entre sí y para que conviertan el país en un parque temático con casino y huríes. Lo peor de todo es que, siendo brutalmente cínicos, para la mentalidad de los países de la ISAF, incluido el nuestro, la situación es la que se quiere mantener: a cambio de unos cuántos muertos al año, se conserva la buena consciencia de que se hace algo por Afganistán, cuándo en realidad, la democracia sigue lejos y la paz es una falacia. ¿Alternativas?

Las decisiones que no se deben cuestionar

Aprovechando que el Sacramento pasa por California el cardenal-arzobispo de la diócesis capitalina ha soltado unas deliciosas declaraciones solicitando un referéndum respecto a los matrimonios homosexuales. En algunos sectores ha sorprendido el súbito amor por la democracia de una Iglesia que nunca le ha sido muy favorable, pero rompamos una lanza por los curas, caramba: en vez de mandar a Rouco directamente al peo, recordémosle que el matrimonio homosexual ya ha sido refrendado en las urnas. Dos veces. En 2004, porque el matrimonio gay estaba en el programa del PSOE, que, recordemos, ganó, y, en 2008, la suma de partidos políticos en pro del matrimonio gay sacó más votos que la suma de partidos políticos en contra. Pero hay más. En opinión de éste su corresponsal, los derechos civiles, como el derecho al voto, la libertad de cultos o el derecho a formar una familia (que es de lo que estamos hablando) no deben ponerse en consideración política, salvo para su amejoramiento. Las generaciones futuras jamás pueden tener menos derechos que nosotros. Lo contrario es populismo filodictatorial y demagógico. Y aquí nos acercamos más a la tradición religiosa hispana.

Las decisiones que deben tomarse pronto

Que David Horsey nos ponga en antecedentes:

Sí, amigos, Vladimir Vladimirovich Putin y sus muñecos le han hecho una pregunta al nuevo presidente Obama de forma muy gráfica: ¿van a seguir los Estados Unidos jugando con fuego en el hinterland ruso? Seamos claros: es francamente dudoso que Rusia vaya a democratizarse en el corto y medio plazo: ocho años de Yeltsin y ocho de Putin han convencido a los rusos de que la dictadura es mejor (imagínense como fue) y, lo que es peor, las nuevas generaciones han preferido y prefieren votar con los pies y emigrar antes que trabajar por una Rusia mejor y más democrática. Así pues, no se hagan ilusiones: la intención rusa es crear un cinturón de seguridad bajo la férula rusa. Y después de lo de Georgia, queda claro que los EE.UU no van a mover un pelo. Medvedev quiere que ésto siga siendo así. Creo que será atendido.

Seguiremos informando.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Paciencia con un pobre viejo

Sí, amigos, el próximo viernes 14 un servidor cumple 27 años. Pretendo celebrarlo en comandita con otro señor igualmente réprobo, y solicito (solicitamos) la compañía y conversación de los que bien nos quieren.

Si me quieren lo suficiente (y si no, bueno, igualmente serán bienvenidos) estaré a partir de las 22h. en La Parada de los Monstruos, en la calle del Castillo, no recuerdo el número (pero es impar) entre las calles de Eloy Gonzalo y Sagunto; en la puerta hay un escalón prácticamente insalvable para los bajitos y los alcoholizados. Metro Iglesia.

Antes de esa hora habrá cuentacuentos y cuentachistes, pero dado que es imprescindible la puntualidad, recomiendo encarecidamente que se pongan en contacto conmigo o con el James si piensan venir.

Seguiremos informando.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Momento friki donde los haya

Innecesario es decir, a éstas alturas del campeonato, lo mucho que me gusta The West Wing, o en nuestro idioma, El Ala Oeste de la Casa Blanca. Hablando con mi amigo Dani el otro día, comentaba lo mucho que me recordaba la campaña de Obama a la serie, e incluso las cosas que tenían en común el candidato Obama y el personaje interpretado por Ramón Estévez (a.k.a. Martin Sheen).

Aquí a su izquierda, Josh Lyman, vice-jefe de gabinete del presidente Bartlet: uno de mis personajes favoritos de The West Wing. Tímido en su vida personal, implacable e irónico en su vida profesional, es un maestro de la política a pesar de su juventud y es una de las figuras más reconocidas dentro de la política de Washington.
Y aquí a su derecha, el representante del 5º distrito de Illinois, Rahm Emanuel, conocido como "Rahmbo" y presidente del Comité Electoral Demócrata del Congreso: el responsable de decidir quién, dentro del Partido Demócrata, es digno de candidatarse a un escaño en el Congreso; y una vez decidido, organizarlo todo para que sea elegido. Al igual que Josh, es judío, tiene una lengua viperina reconocidamente feroz y es extremadamente competente en su trabajo.
A pesar de que Josh Lyman fue, sobre todo, un personaje creado por Aaron Sorkin a la medida de su amigo Bradley Whitford, Emanuel es, reconocidamente, una de las principales inspiraciones para el personaje de Josh, según, entre otras fuentes, éste artículo de Rolling Stone de octubre de 2005.

Bien, pues. Si no recuerdo mal, al final de la serie Josh Lyman se convierte en el jefe de gabinete (chief of staff) del nuevo presidente electo Matt Santos (Jimmy Smits) el primer presidente de los Estados Unidos procedente de una minoría étnica.

¿A que no saben una cosa?

Seguiremos informando.

Otras notas electorales

- El otro lado de las cosas: Obama ha llevado a más negros e hispanos a las urnas que nunca. Los negros y los hispanos tienden a ser más religiosos y, en consecuencia, más conservadores en lo moral. Resultado: el matrimonio gay ha sido prohibido por referéndum en tres estados. Uno de ellos, escrutado al 90%, es California.

- Ted Stevens, sorprendiendo a propios y a extraños, tiene ventaja en su reelección. Confirmado: es el Carlos Fabra americano.

For now, the day has come. Enjoy it, people.

Seguiremos informando.

Un año

Ruina Imponente cumple un año, y, desde aquí, deseo seguir con ustedes, que me leen, y compartir con ustedes lo que sé, lo que siento y lo que opino, para convertir a éste en su blog en una referencia cultural de pro y uno de los alimentos intelectuales de generaciones de españoles.

Y deseo celebrarlo con ésto:



Seguiremos informando.

Notas del miércoles por la mañana

Barack Obama va a ser el 44º presidente de los Estados Unidos de América. He seguido la votación, toda la noche, por la CNN, junto con los igualmente fatigados e infatigables Dani y Teresa. Ahora estoy muerto de sueño, con siete largas horas de trabajo aún por delante. Pero hay ciertas cosas de las que hay que hablar.

Ésta elección tendría que ser, y en gran medida fue, la derrota de una idea de Partido Republicano. Del partido que defendía al pequeño negocio y al pequeño empresario, el escaso gasto público, el aislacionismo y el anticlericalismo que impregna la Constitución estadounidense; se pasó al partido de la gran empresa y del gran especulador, al partido del pork y del gasto público exacerbado y el déficit, al partido de la política exterior del Tomahawk, al partido de los cristianistas de tratado Chick.

Muchos centristas, y muchos republicanos moderados, repugnan de Bush y de su caterva de secuaces. Ésta elección iba a ser la que echase a patadas a Bush, a Rove, a Cheney, a Rumsfeld y a los demás.

Y ha sido así, pero no ha sido solamente ésto.

Ha sido, y ésto es posiblemente lo más importante, una reconciliación de la mayoría del pueblo de los Estados Unidos con la democracia. Por una parte, la recuperación del reconocimiento de la capacidad del individuo de sobrepasar, a través de la organización y de la cooperación, las barreras de un sistema desigual e injusto. Y por otra parte, el sorprendente descubrimiento de que los Estados Unidos pueden sobrepasar la barrera del wasp.

Soy, somos incapaces de comprender así, de primeras dadas, qué supone la elección de Barack Obama para los afroamericanos. Para la generación que luchó por los derechos civiles, para sus hijos y para sus nietos, estaba grabado en piedra que no verían a un presidente negro mientras vivieran. "No para ésta generación", se decía: y los hechos parecían confirmarlo. Obama es el quinto senador negro de la historia, y el tercero elegido por elección directa; durante sus cuatro años en el Senado, fue el único. Nadie se esperaba ésto. Ver las lágrimas correr por los ojos de tanta gente; la emoción en tantas voces, ha sido para mí uno de los puntos álgidos de la noche.

Y el mérito de todo ésto pertenece, más que a nadie, al propio presidente electo: Barack Hussein Obama. Primero, por su insistencia en evitar la confrontación y fomentar el diálogo en un sistema político, en una cultura política que incentivan exactamente lo contrario. Segundo, por su indudable capacidad oratoria, en la que se puede ver, como una marca indeleble, el estilo y la cadencia de la gran tradición de la predicación protestante negra estadounidense, de la cuál Martin Luther King (del cuál se ha hablado y se hablará mucho) fue posiblemente el máximo exponente. Y por último, y creo que lo más importante, por la (finalmente) ruptura con una terrible tradición política estadounidense, y que se ha sido extendiendo por otros sistemas políticos, que es basar la propaganda electoral en el hecho de que el votante es estúpido y que su elección estará marcada por intereses externos irracionales o vagamente racionales. A lo largo de la campaña, donde otros políticos hubieran preferido soltar frases hechas milimétricamente diseñadas para evitar que los problemas afectasen a su campaña, Obama ha preferido enfrentar los problemas y explicarlos con el aplastante poder de la razón y de su oratoria.

Obama no es perfecto. Ni siquiera es tan de izquierdas (y menos con un Congreso sólo nominalmente demócrata). Pero tiene un factor que lo hace diferente y que, posiblemente, sea el que determine su presidencia y la manera en la que afectará al mundo. Todo indica que, como las personas extraordinarias, su intención es doble: primera, aparentar que es una persona común y corriente; y segunda, canalizar el poder de las personas corrientes en beneficio de todos.

Seguiremos informando.

martes, 4 de noviembre de 2008

Dixville Notch

El párrafo 1 del capítulo 3º del Código de los Estados Unidos dice que las elecciones a cargos federales deben realizarse el primer martes después del primer lunes de noviembre. Noviembre fue la fecha que eligieron los primeros legisladores debido a que, como en noviembre nada se cosecha, nada se planta y tampoco hay tanta nieve, ir a votar no es un inconveniente para nadie.

Tomando ésta ley al pie de la letra, en un pueblucho de Nueva Hampshire, Dixville Notch, la noche del lunes todo el pueblo se reúne en el salón de baile de la taberna local y a media noche en punto votan todos. Los votos son contados y se publican: los primeros votos publicados de la elección presidencial. Si son frikis como yo, se acordarán de un episodio de El Ala Oeste de la Casa Blanca que trataba de unas elecciones así.

Son las 9 de la mañana, las 3 en Nueva Hampshire: Dixville Notch, y los pueblos de alrededor, ya han votado y sus votos ya han sido publicados y contados. Han empezado las elecciones en los Estados Unidos.

Las encuestas dicen que las posibilidades de McCain de ganar éstas elecciones oscilan entre un 2 y un 4%. Aún así, ¿quién sabe? Es parte de la emoción de un sistema electoral tan peregrino y folclórico como el de los Estados Unidos, donde hay sitios como Dixville Notch, y colegios electorales, y máquinas de votar, y papeletas mariposa.

También el hecho de que se celebren numerosas elecciones a la vez: algunas tan inanes como la de elegir al juez del condado, o al inspector de sanidad; otras tan importantes como el referéndum sobre la prohibición del matrimonio gay en California. Si siguen el recuento y leen algo de Proposición 8, es eso.

Éste blog, innecesario será decirlo, es favorable a la elección de Barack Hussein Obama como presidente de los Estados Unidos de América. Así que si de alguna manera usted puede participar en la votación y mi opinión le cuenta para algo, vótele. Y si además vive en California, vote "no" a la proposición 8: porque toda persona tiene el derecho de formar una familia, tener hijos y llevar una mediocre pero encantadora vida burguesa.

Por cierto: en Dixville Notch, como en todo el interior de Nueva Hampshire, son fervientemente republicanos. Independientemente de lo que hiciera el resto del país (lo cuál les inhabilita para ser un modelo estadístico de nada) han votado al candidato del Grand Old Party desde 1972.

Resultado de ésta medianoche: Obama 15, McCain 6, Ron Paul 2.

Know hope.

Seguiremos informando.

viernes, 31 de octubre de 2008

¡Fúmbo!

Sí, amigos, como es viernes y me he dejado el cerebro en casa, toca meterse con temas de actualidad pero pasmosamente necios.

Conociendo mis antecedentes, tendría que dedicarme a mi habitual tarea de azote de la clerigalla, hablando de la fiesta de cumpleaños del hermano del Papa (-¿qué quieres por tu cumpleaños, Georgi? -Oh, algo sencillo, sencillo... - ¿Qué tal un concierto de Mozart en la Capilla Sixtina? -Pues algo así estaría bien...¿pero, no será muy caro? -Ach, no te preocupes por eso, si eso ya le pasamos la factura a otro.")

O entonces, la delirante nota de prensa de la Conferencia Episcopal (ya una tradición por éstas fechas) condenando la "fiesta pagana" de Halloween e incentivando a los devotos papis a preferir en su lugar la festividad de Todos los Santos, porque, atención, "fomenta la vida y no la muerte". Porque, como todo el mundo sabe, ir a misa y luego pasarse la mañana en el cementerio con la familia es un plan alegre, divertido y lleno de vitalidad.

Pero no, hoy es el día en el que voy a ponerme filípico con otro asunto, para alegría de mis lectores fumboleros.

Entre las múltiples cosas que descubrí durante mis partidas de pub quiz de los lunes, aparece el fascinante programa-resumen-comentario de la League One, que, en un alarde de confusión típicamente británica, es la tercera división inglesa. Una hora entera de programa, dedicada a resumir y comentar las emocionantes peripecias de equipos como el Crewe Alexandra, el Yeovil Town o el imposible Scunthorpe United.

Una cosa que me fascina del fútbol inglés es que todos los equipos, incluidos los que vagan por la quinta división o así, siguen teniendo una sustancial masa (el sustantivo es correcto) de aficionados. Cierto es que, en Gran Bretaña, el fútbol como tal no es un deporte, sino una excusa para hacer otras cosas accesorias que a la población local parece divertirle, como insultar cantando a grito pelado, beber cerveza hasta caerse y apostar.

Pero aún así los ingleses, en general, están bastante más apegados a su equipo local que en España. Una cosa que, en mi opinión, se ve reforzada por el hecho de que el sistema de la FA Cup, la Copa de Inglaterra, no sólo obliga a los equipos a tomarse la competición en serio, sino que permite a cualquier equipucho que tenga un año mágico plantarse en Wembley y pelear por una plaza en competición europea.

Es por eso que considero una aberración y una cobardía que la Federación Española, más preocupada por las collejas que pueden darle los grandes clubes (que al fin y al cabo son los que ponen la pasta) que por el amor al fúmbo (lo que es realmente su trabajo) hayan acabado con los restos de un experimento que permitió a la Copa recuperar su verdadero lugar como generadora de matagigantes y arción.

Pero bueno, en el fúmbo, quién sabe jugar, juega; quién no sabe jugar, entrena; quién no sabe entrenar, anima, y quién no sabe hacer nada se convierte en directivo de la federación.

Seguiremos informando.

jueves, 30 de octubre de 2008

La monarquía se basta sola

Por un lado tenemos los juicios al alcalde de Puerto Real y a los pijopunkis trabucaires éstos. Doble estupidez: primera estupidez, por que la simple tipificación de un delito de lèse majesté cuándo tenemos una constitución que declara que todos los españoles son iguales ante la ley (art.14) es una contradicción (a no ser que consideremos que el Rey no es español) que nadie tiene los santos eggs de llevar al Tribunal Constitucional ; segunda estupidez, porque nada agrada más a un republicano que ser imputado por injurias a la Corona: ningún tribunal se atreve a entrullarte (más que nada, por lo ridículo) pero, al mismo tiempo, obtienes espacio en los medios de comunicación gratis y a go-go.

Escribí hace más de un año que nada era más peligroso para una monarquía que haya quién intente salvarla, porque una monarquía que se deja salvar es una monarquía que reconoce estar en peligro. En el resto de Europa la crítica a la monarquía es abundante y variada, y precisamente ese es uno de los motivos que las hacen populares. Si el rey de España es un gambitero (reconocido) y un putero (supuestamente), no sólo respeta las centenarias tradiciones familiares (véase don Juan de Austria o los cien mil amantes de Isabel II) sino que, a ojos de nuestra cultura popular masculina (entiéndanse por ello barras de bar o charlas de partida de mus) se convierte en un onvre digno de respeto y amor.

Por otro lado, leyendo el blog de Mary (¡sí, te leo!), vemos las cosas que sí pueden hacer daño a la monarquía, más que quemar fotos o llamar al rey un crápula.

Doña Sofía de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg y Hannover, que en el DNI sale como Sofía de Grecia para ahorrar espacio (menos mal) no suele salir en la prensa española: primero, por su reforzado acento greco-alemán (que no ha perdido), segundo, porque tampoco es que lo que diga tiene demasiada importancia.

Así pues, el que haya abierto la boca para opinar es doblemente dañino por dos motivos: primero, porque lo hace poco, así que siempre que lo hace, llama más la atención; y segundo, porque rompe una de las reglas fundamentales del protocolo real: un rey (o una reina) no puede tener opiniones sobre temas políticamente cargados; y, si las tiene, se las guarda.

Era ya bastante obvio que la reina de España era y es de ideas más conservadoras que su esposo: al fin y al cabo, ella es de formación más, por decirlo de alguna manera, monárquica que él (el padre del rey estaba en el exilio; el de ella, en su palacio) y, por otra parte, ella es una conversa al catolicismo, bajo la supervisión de curas nombrados por S.E. el Jefe del Estado, a la sazón el Paco: gente que tenía de liberal lo que yo de bailarina rusa.

Pero esas cosas deben suponerse, no decirse: la representación máxima de los españoles, si no es elegida (importantes las negritas), debe de ser, en todos los sentidos, políticamente neutral en el sentido amplio que exige la Constitución.

Y lo contrario es, sencillamente, intolerable.

Seguiremos informando.

martes, 28 de octubre de 2008

Lo que le faltaba a Sarah Palin

Después de demostrarse empíricamente que Sarah Palin no tiene ni idea de nada; después de lo de los 115.000 euros en ropa; después de la pelotera de lo de mandar echar a su ex-cuñado de la policía...

Ted Stevens.

Cuándo Sarah Palin fue elegida como candidata a vice-presidente (posiblemente la peor decisión de McCain, con diferencia) me extrañó que en un principio se dijese que estaba en contra de la construcción del puente a la Isla de Gravina, conocido como el mayor ejemplo de pork (o gasto innecesario con fines electorales). Y me extrañó, porque el puente era un empeño personal de Ted Stevens, un señor muy mayor (tiene 84 años) y que es senador por Alaska por el Partido Republicano desde 1968, es decir, desde cuándo Sarah Palin tenía cuatro años.

Alaska es un sitio suficientemente lejano y con un sistema político lo suficientemente cerrado para fomentar la existencia de un cacique local, y éste cacique, sin duda alguna, se llama Ted Stevens. En Alaska hay una carretera Ted Stevens, y el aeropuerto de Anchorage se llama Ted Stevens. Pensar que alguien pudiese cortar el bacalao, en Alaska en general y en su Partido Republicano en particular, sin la connivencia del tío Ted, me parecía absurdo. Y así era.

Pero si hay algo por lo que Ted Stevens es mundialmente conocido es por el discurso que dio en el Senado mientras era presidente de la Comisión de Comercio (el Senado de los EE.UU. se basa mucho en lo que los nativos llaman seniority: cuándo más tiempo estés en el Senado, más posibilidades tienes de presidir , aunque seas un total incompetente). El discurso en cuestión, que está mucho mejor comentado por The Daily Show, dio al mundo la expresión "una serie de tubos", y, lo que era peor para el tío Ted, llamó la atención sobre los caciquismos que hacía, día sí y día también, en la lejana Alaska.

Y ahora, le han pillado. Stevens, que hacía campaña para reelegirse por séptima vez para el Senado, ha sido condenado por aceptar regalos de un prospector de petróleo (uy, petróleo en Alaska...Se ha hablado algo...del tema...) y no contárselo a nadie. Por lo que su campaña para la reelección, que ya iba perdiendo, se puede hundir del todo. Y sería la primera vez que un demócrata se lleva algo en Alaska desde 1976.

Es que nada le sale bien a ésta mujer.

Seguiremos informando.

lunes, 27 de octubre de 2008

Lula está solo

Pocas veces hablo de la política brasileña, fundamentalmente porque es tan folclórica y caótica que hasta yo, un señor que ve anuncios electorales israelíes en YouTube por placer, no puedo seguirla con la precisión que se merece.

En todo caso, ayer se celebró la segunda vuelta de las elecciones municipales. La prensa hispana en general se lo ha tomado como una derrota para el presidente Lula, y en gran medida, lo ha sido. Pero, y como es habitual en los pasmosamente poco analíticos media españoles, no se ha informado de que ésta derrota era de esperar. Y ahora explicaré por qué.

Las elecciones presidenciales de 2006 dejaron un país dividido. El gobierno Lula había trabajado a favor de la reducción de la pobreza, había montado la ola de la euforia económica mundial con notable éxito y había aumentado el prestigio y el poder de Brasil a nivel internacional.

Sin embargo, a los ojos de las clases medias urbanas, todo ésto ha resultado insuficiente.

Primero, por la corrupción. Uno de los puntos electorales a favor de Lula y de su Partido de los Trabajadores era que, como nunca había estado en el poder, técnicamente no compartía el mismo gusto por la corrupción desenfrenada que sus predecesores. El problema es que, desde la Constituyente de 1988, el Congreso Nacional está dividido en tres grupos: la derecha, la izquierda, y un grupo variopinto de diputados y senadores que dan sus votos a quién contribuya más; tanto a sus circunscripciones, como a sus bolsillos. Éste problema se ve acentuado por el hecho de que dado que el voto, en todos los niveles, es por candidato y no por lista, salvo raras excepciones, los brasileños votan al Congreso a la persona que le caiga más simpática y/o le parezca más peculiar: en 2002 el diputado más votado por São Paulo fue un ultraderechista barbudo prometiendo moralización y una bomba atómica, y en 2006 fue el equivalente brasileño de Boris Izaguirre. En éstas circunstancias, habiendo que elegir entre no sobornar a nadie y tener un Congreso entre indiferente y hostil; y sobornar a quién fuese necesario y poder aprobar la legislación prometida por el presidente, se eligió la segunda opción. Y le explotó al PT en la cara.

Segundo, por que los beneficios del bienestar económico se ven borrados por una criminalidad en aumento y que cada vez es más brutal y más visible. Y como siempre en éstas circunstancias, un gobierno (al menos formalmente ) de izquierdas siempre sale más perjudicado: al fin y al cabo, si el gobierno está con los pobres y un pobre te pone una pistola en la cabeza, la culpa de la pistola la tiene el gobierno; además, en éstas circunstancias, la mano brutalmente dura gana cada vez más popularidad (de ahí el éxito de películas como Tropa de Élite). Fatal para el gobierno fue el referéndum de hace un par de años para prohibir la posesión privada de armas de fuego: la derecha se les lanzó encima, acusando a Lula de querer desarmar a las clases medias sin querer desarmar a los bandidos, y el referéndum se perdió.

Y tercero, la parte más fea y que nadie quiere asumir del todo: el hecho de que a las clases medias blancas y bien educadas sigue sin entusiasmarle la idea de que un tornero fresador de Pernambuco, de alfabetización limitada y lenguaje colorido, sea el presidente de la República Federal de Brasil.

Todo ésto llevó a que en 2006, en todos los estados del Sur y Sudeste del país, que incluyendo las grandes metrópolis como São Paulo y Río, votasen por la derecha en las presidenciales. Y que en la apertura de los Juegos Panamericanos en Río, el año pasado, el presidente de la República cediese el honor de abrir los Juegos al presidente del Comité Olímpico Brasileño, porque la pitada de los espectadores no le dejaba hablar.

Pero si todo ésto afecta a Lula, peor es lo que le ha pasado a su partido, el PT. Los sucesivos escándalos de corrupción han arrasado con los escalones superiores y medios del partido. La mejor candidata para suceder a Lula dentro del PT es la actual ministra de la Presidencia y ex-ministra de Minas y Energía, Dilma Rousseff, una burócrata tremendamente competente (Brasil se ha convertido en una potencia petrolera bajo su administración) pero soberanamente sosa.

Y, por supuesto, el PT y sus aliados han sido pateados vergonzosamente de los ayuntamientos que les quedaban, pero el punto está en que tampoco eran tantos. En São Paulo el PT tenía una misión complicadisima: descabalgar a un bastante razonable alcalde de derechas con una candidata, la ex-alcaldesa Marta Suplicy, cuya administración tampoco es que fuese para tirar cohetes.

En todo caso, sí, desastroso para el PT: perder uno de los ayuntamientos del ABC (el área industrial del Sur de São Paulo donde Lula empezó su carrera política) es señal de que el Partido de los Trabajadores, como tal, está muerto.

Y Lula está solo.

Seguiremos informando.

domingo, 26 de octubre de 2008

Crónicas de un falso cultureta (IV): Venderse

Me pregunta aquí una amiga que que tipo de mujeres ando buscando. También criticó, y con razón, que cada vez que hablo de mí en el blog es para una sangrienta y dolorosa catarsis personal con muertos y heridos.

Y es que mi vida personal es algo bastante espinoso. Ya hace tiempo que dejé de ser el tímido inmisericorde que fui cuándo adolescente: cierto es que no tengo demasiados amigos, pero los que tengo son gente excelente con la que es tremendamente placentero estar (dice él en su casa un sábado por la noche, pero sin segundas intenciones, seriously), pero aún tengo cierta torpeza insólita al tratar con la gente, lo que me lleva a ser cansinamente indirecto y pasmosamente incompetente cuándo en asuntos de damas se trata.

Reconozco que no soy la persona con más sex-appeal del universo conocido. Tampoco es que ayude el hecho de que, aun sabiendo que los Morini tienen una reconocida y hereditaria tendencia a engordar, disfrute de los placeres de la buena mesa (y de la mala también, véase Kentucky Fried Chicken) sin ningún complejo de culpa. Y lo que es peor, por mucho que mis amigos se esfuercen denodadamente en ayudar, mi gusto en el vestir sigue siendo lo que bienintencionadamente puede calificarse de "conservador", y, de forma más realista, como "aburrido": ir vestido con camisa marrón, pantalones marrones y jersey (lo han adivinado) marrón no sólo no es raro en mí, sino hasta habitual.

Y es que incluso en la conversación, lo que debería ser mi fuerte, no me muevo con soltura. Por un lado me resulta tremendamente incómodo hablar por teléfono: soy incapaz de mantener larguísimas conversaciones, y en la mayoría de los casos se hace obvio que quiero cortar la conversación lo antes posible. Y por el otro, muchas veces soy un conversador contradictorio: cuándo no hablo como una ametralladora (normalmente de los frikismos que me resulten agradables), me expreso con monosílabos, sin nada más sustancioso que un "claro", de vez en cuándo. Por no hablar del hecho de que cuándo una mujer me resulta atractiva eso se nota de forma espantosamente evidente.

Joder, se estarán diciendo; ¿y el artículo trata de venderse? Y es que lo cierto es que lo más complicado del asunto es que mis principales defectos son el que no sé mentir y que no sé mantenerme firme en mis posiciones.

Y es así porque a pesar de que son terribles defectos (al fin y al cabo, seducir, salvo que uno sea George Clooney, siempre consiste en mentir un poco), me siento tremendamente orgulloso de ellos. Y no pienso abdicar de ellos.

La cuestión es que acostumbrado como estoy a reconocer y a reírme de mis propios defectos, sumado a que tampoco me gusta llamar mucho la atención (salvo en mis momentos pseudoetílicos) me cuesta reconocer mis propias virtudes. Y aún menos en público. Quizás eso sea lo que lleve a que mucha gente sólo sepa de mis experiencias vitales, muchas de las cuáles podrían calificarse de extraordinarias (he viajado por tres continentes, en muchos casos solo; he ganado un concurso de la tele; he nacido en Brasil) por boca de terceros o tras conocerme desde hace mucho.

Quizás mi principal virtud, de la que me siento más orgulloso, es que intento con todas mis fuerzas ser lo que se da por una buena persona. Intento ser generoso, intento ser educado (hasta lo folclórico, en ciertos casos) e intento ser agradable. Intento no ser pedante (a veces no me sale) e intento no abrumar a la gente (tampoco me sale a veces)

Aparte, naturalmente, de mis inagotables ganas de compartir lo mucho que sé de un montón de cosas, y, por la otra parte, de aprender muchas cosas más. Dudo que haya algo que me dé más placer que charlar durante horas de todo un poco con gente divertida e interesante.

Como habrán visto, soy terrible hablando bien de mí (parezco un perfil de una de éstas páginas de "Busco pareja") así que voy a abreviar y voy a ir a la pregunta que originó éste artículo.

Para empezar, no voy a ser hipócrita: el físico sí es importante. No es tan importante como otras cosas, pero sí cuenta. Por otra parte, no desesperen: siempre he sido del tipo patito feo, del tipo sosa, del tipo ratoncito, nunca me han gustado las bellezas despampanantes. Siempre he tenido una reconocida pasión por la sutileza. Pero ya he hablado del tema aquí.

Ésta pasión por la sobriedad se hace extensiva a la forma de vestir. Maquillaje sí, pero discreto; ropa sencilla, pero elegante; para mí, lo importante es lo que hay dentro.

Y es que el asunto se resume en que sea capaz de aguantar mis idiosincrasias y tener las suyas, reírse de mis chistes y yo de los de ella, contarme historias que no sepa y escuchar con interés las mías. Pueden gustarnos cosas totalmente opuestas; de hecho eso estaría mucho mejor. Pero hay cosas que debería despreciar con la misma energía que yo, por ejemplo: Aznar, el catolicismo ultra, el Intelectual Pedante Español ® y cualquier música emitida por los 40 Principales de 1999 en adelante.

Ah, por cierto, no es imprescindible que sea española. De hecho, y ya que estamos, nunca me he sentido tan abrumadoramente rodeado de mujeres atractivas como esa semana que pasé en Montreal. Prueba de que el mestizaje es bueno: junta a las francesas con inglesas y escocesas y ahí lo tienes.

En fin, me voy a la cama, antes de que siga desvariando más.

Seguiremos informando.